La convivencia con los demás es complicada, sea en el ámbito familiar, social o profesional. Es lo que muchas veces nos lleva a consultar a un psicólogo. Sin embargo, la convivencia puede plantearse de otra manera, sobre todo cuando las variables externas están fuera de nuestro control.
El espacio terapéutico puede ser la oportunidad de trabajar más bien desde adentro hacia afuera. En vez de buscar cambiar al otro, la pregunta es: ¿cómo convivir armoniosamente con los aspectos difíciles que el otro representa para mí?
Somos seres interrelacionados y, al cuidar de nosotros mismos —entender nuestras reacciones, gustos, disgustos, fortalezas y vulnerabilidades— también actuamos sobre las dinámicas que nos rodean.